miércoles, 9 de noviembre de 2016
martes, 25 de octubre de 2016
Mi cuerpo en la oscuridad pinta colores
En la vida, muchas veces nos
encontramos en momentos donde nuestra propia superación nos permite situarnos
en contextos novedosos, llenos de abismos sin resolver y muchas experiencias
por vivir.
Hoy aquí, en este blog, quiero
expresar mi nueva experiencia de superación, vivida gracias a mi rehabilitación
y el nuevo pasito que he dado tanto a nivel físico como personal. Para ello, debo
situarme y situaros en ese contexto de superación planteado lleno de abismo e
incertidumbre formado por una sala de paredes blancas, gente alrededor, diverso
muebles y una simple y compleja pelota de fitness amarilla en la cual me hayo
sentada. Por primera vez, y desde hace 16 años, me siento en una
superficie tan inestable que me hace sentirme ilusionada y me recuerda a cuando
era pequeña e intentaba ponerme de pie en una colchoneta y las olas del mar me
arrastraban de un lado a otro. Recuerdo que aquello era tan inestable que caí más
de una vez por permanecer encima de ella, pero entonces, mi constancia y mi
fuerza me ayudaron a conseguirlo.
En ese momento, sentada en una simple y compleja
pelota amarilla y tras navegar por mis recuerdos, la situación me hace
estar entusiasmada, pero también me lleva a estar, en primera estancia,
insegura de mi misma, tanto como si de una muñeca de trapo aposentada en un
trozo de hilo tensado entre dos árboles se tratase, donde la inestabilidad del
momento y el descontrol de mi contexto, me sumergen en el mundo del pánico, la
desesperación y la impotencia. Mi mente se nubla, mi ser se vuelve mudo, mi
visión me traiciona y mi sentido de escucha se agudiza cada vez más. Una
situación llena de tensión y descontrol donde mí cuerpo no es responsable de
nada de lo que en ese momento debe de ser.
Por un instante paso de un contexto
de confort sentada en mi silla a una situación donde la búsqueda de
supervivencia debe ser desarrollada para controlar el desbarajuste que la
situación me crea.
Pero dentro de ese caos, un antifaz
rojo se apodera de mis ojos y hace que el sentido de la visión se envuelva
hacia mí, donde la oscuridad por un instante me hace encontrar la luz que me
abre la puerta a la resolución del control de la situación. Me lleva a pararme
en seco y reeducar mi mente para esta situación. Nace en mí las ganas de volver
a vivir y me sitúo en medio de la nada con grandes explosiones de color que
nacen de mis movimientos. Durante ese tiempo y sin esperarlo, mi cuerpo empieza
a ser más controlado y a pensar y actuar por él mismo. Ese cóctel explosivo da
color a mis movimientos que a su vez dan luz al abismo y la incertidumbre del
momento, haciendo que resurja el dominio de mi cuerpo y poco a poco me vaya
ensimismando en una calma interior que me ayuda a disfrutar y manejar el arte
de los movimientos que mi cuerpo establece y así poder ser el aire en el
viento.
Cada color, cada movimiento, me va
haciendo sentir más segura de mí misma y de mí situación. Me hace luchar yo
sola por sobrevivir. Me lleva a sentir que soy yo quien maneja los hilos de mi
cuerpo para alcanzar la estabilidad necesaria para estar sentada en esa pelota,
pues no sé ni donde están esos estímulos que antes visualizaba como ayuda y ni
siquiera si hay alguien a mi alrededor para ayudarme. Solo la necesidad de
supervivencia ante la ignorancia de lo que pueda haber detrás de ese antifaz
hace que sea consciente de que puedo manejar la situación si actúo
correctamente y en equilibrio con todo mi cuerpo encadenando cada movimiento y
ejecución que en ese instante la situación me pide. Nace de nuevo en mí las
ganas de revivir tras las oscuridad y el silencio de no saber que hay detrás de
esa nada y viendo con una gran lupa toda aquellos movimientos llenos de tan
puros colores que emanan de mí y me ofrece el objetivo de poder controlar mi
propio cuerpo sentado en una hermosa pelota de fitness amarilla.
Vuelvo aprender a través de mi
estancia aquí, que la dedicación a mis terapias y la involucración de mis
terapeutas hacia el progreso de mi evolución, me hace crecer como persona y ganar
más autonomía, siendo más responsable de todos los actos de mi cuerpo. Con esta
actividad, además de ganar más en estabilidad de tronco, ser consciente de mis
caderas y mis glúteos y la funciones que ejerce, fortalecer mis piernas, cuádriceps,...entre
otras funciones que unidas hacen que mi estabilidad sea más estable, me lleva a
obtener una aprendizaje emocional, donde me demuestra que en realidad el abismo
era la ignorancia de no saber que en mi interior está siempre la resolución
ante un problema. Que a veces, entre
tanta tormenta, es necesario cerrar los ojos para escuchar lo que nuestro
cuerpo quiere contarnos para hallar nuestro camino, siendo nosotros mismos los
que manejemos los hilos de nuestro cuerpo, para así, hacernos un verdadero
artista de nuestro propio destino, escuchando con el alma la experiencia de las
vivencias de nuestro corazón y el razonamiento de nuestro cuerpo y mente, y así,
sea cual sea nuestra situación, podamos obtener una bella superación. Porque
como bien dijo Gandhi "tenemos que ser nosotros las expresión de nuestra
preposición".
Por último, quiero dar las gracias
de nuevo a todos y cada una de las personas que posibilitan que este aquí
viviendo cada una de estas experiencias y a ese duendecillo que en un momento
de mi sección me puso un antifaz y me hizo volar entre las diversas sensaciones
de mi cuerpo y la satisfacción de mi mundo fantástico de libertad, recordándome
en silencio que hay que inculcar el arte de aprender a pensar deteniéndose en
los detalles mínimos del cuerpo, porque aprender sin pensar es un trabajo
ausente.
De nuevo la vida me susurra que cuando escucho lo
que hay en mí interior, mí pecho se me encoge y una idea de luz me expande al
mundo dándome color y movimiento a todo lo que me rodea, llevado con el vaivén
de mí respiración.
miércoles, 5 de octubre de 2016
"Nuestra mente solo nos muestra aquello que queremos ver"
Quizás, para llegar a
ver la belleza de nuestras acciones, hace falta que el ser humano pare por un
instante su tiempo y solo se centre en aquello que hay que llevar a cabo para
una acción, por ejemplo, si preguntara a cualquier persona que pensara qué
partes de su cuerpo se activan antes o después de rascarse la nariz, la mayoría
de nosotros no sabríamos responder de inmediato a dicha pregunta, deberíamos
pararnos y observar cuáles son.
Pero... así es la vida
donde el ser humanos aprendemos hacer cosas automáticas sin tener presente la
ejecución de una acción, si no el resultado.
Tras realizar mis
terapias y reflexionar sobre lo importante que es saber qué pasos debes dar
para realizar cualquier movimiento, en mi mente empieza aparecer una marabunta de
ideas y emociones de las que sumergen en una serie de palabras que cobran un
sentido para llevar a cabo. Ellas son:
La sensación, entendido como el sentimiento que experimentamos como
respuesta a la información recibida a través de nuestros órganos sensoriales.
La propiocepción, que es el sentido que nos proporciona información
sobre el movimiento de las distintas partes del cuerpo y de su posición en el
espacio, y estos receptores sensoriales se localizan en las articulaciones y en
los músculos.
La percepción, una función que posibilita al organismo recibir,
procesar e interpretar la información que llega desde el exterior
valiéndose de los sentidos.
La percepción tenida en cuenta como
la organizadora del celebro en la información sensorial nos dice que esta es
más que lo que vemos, oímos, sentimos, saboreamos, u olemos. Es el significado que
damos a la sensaciones, llegando este significado a través de cómo organiza
nuestro cerebro la información que proviene de nuestros sentidos. Somos capaces
de organizar la información sensorial según diferentes características:
• La ley de
continuidad, según la cual nuestra mente continúa en la dirección sugerida
por el estimulo.
• La ley de
proximidad, donde agrupamos elementos que se encuentran cerca uno del otro.
• La ley de
semejanza, en la cual agrupamos elementos parecidos.
• La ley del cierre,
donde completamos configuraciones incompletas.
El umbral entendido
como la cantidad mínima de señal que
ha de estar presente para ser registrada por un sistema,
es la base de la exploración de las sensibilidades (táctil, olfatoria, visual o
auditiva). Es la menor cantidad de estímulo, que tiene un 50% de probabilidades
de ser detectado por nosotros. Y por tanto, un estímulo ocasional de una
transmisión de un impulso nervioso, mediante una mínima reacción.
Y el tiempo tenido en cuenta como la magnitud a tener en cuenta cuando
queremos medir duración o separación de acontecimientos, que están sujetos a
cambio y de aquellos que están sometidos a observación. Es el período que
transcurre entre el estado de una acción que se va a llevar a cabo y el
instante en el que esa acción es registrada como una variación que percibe
el observador.
El tiempo permite ordenar los sucesos en secuencias, estableciendo un pasado,
un futuro y
un presente.
Hoy, en mi terapia, me
he podido observar el proceso que debe de hacer mi brazo para poder llevar a
cabo acciones como rascarme la cabeza, tocarme la barriga, la oreja, entre
otras... cuyas acciones son propias de movimientos habituales que se realizan inconscientemente
y que me hacen experimentar momentos frustrantes y estimulantes.
Momentos frustrantes
porque siento una respuesta emocional de impotencia que va recorriendo mi
cuerpo hasta llegar a mi mente, al intentar observar la realización de un movimiento,
sin saber qué sentido debo tener para hacerlo, pues cuando podía llevarlo a
cabo sin limitación nunca me detuve en hacerlo. Es una frustración interna con
objetivos contrapuestos que interfiere entre lo que quiero hacer (la
realización de una acción) y cómo puedo llevarlo a cabo según todo lo que forma
mi brazo. Esto va generando en mí una disonancia cognitiva porque lleva a
plantearme la importancia de la parada de los segundos que un movimiento debe
tener para ver la reflexión del encadenamiento de sus músculos y las articulaciones
que lo componen. Al mismo tiempo, la
situación se hace estimulante, porque hace que surja en mi un reajuste cognitivo que
me lleva a ver más claro dónde está la esencia de hacer un buen movimiento, dónde
realizo una compensación que me lleva a realizar una mala ejecución, así como me
hace notar, que la desaparición del movimiento no es por ausencia de este, sino,
de ser incompatible unos movimientos con otros.
Es difícil para mí
llegar al equilibrio mental donde puedas ver todo ese conjunto de acciones o
situaciones que me hagan reflexionar sobre el mal hábito de una acción, sobre
todo cuando estoy haciendo una compensación. Pero durante y después de la actividad,
mi mente divaga entre las diversas sensaciones encontradas durante la
actividad, intentando encontrar un sentido a una ejecución automática mediante
la construcción de un brainstorming. Este brainstorming, da como resultado, que
una acción a realizar, por ejemplo, colocar mi mano derecha en mi hombro
izquierdo, será mejor llevada si está se ciñe a tener presente el tiempo que
hay que tener en cuenta en la sensación,
propiocepción, percepción y el umbral de dicha acción. Es decir, que si
tengo controlado esos pasos, será más fácil realizar el movimiento o acción
deseada.
Todo ello, cobra vida
en mi interior haciéndome conocer mejor mi propio cuerpo y la ejecución de una
buena acción, con el objetivo de poder así eliminar malos hábitos aprendidos en
cualquier movimiento. Me lleva a descubrir que lo que creo que no está,
realmente no es así, si no que es camuflado por una compensación y una mala
sensación, propiocepción, percepción y umbral de una cadena de pasos que lleva
una acción.
Siento que todo el
proceso de hoy despertó aun más en mí la visualización y corrección de esas compensaciones
inadecuadas. Me hace abrir mi campo visual y extrapolar dicho conocimiento a
todos mis movimientos para que mi cuerpo pueda evolucionar hacia una estancia
mejor.
Con ello, también me
hace aprender que el ser humano no es nada perfecto y que no es tan listo como
se cree, pues se le escapa muchas cosas que valorar cuando mejor puede y las
admira cuando más trabajo le cuesta realizarlas. Que
somos ignorantes hasta de los movimientos más simples que nos sostiene. Que en
esta vida se puede aprender hasta de la ejecución que realizamos al rascarnos
la nariz y que la vida se envuelve solo de aquello que tu quieres ver y ser.
miércoles, 13 de julio de 2016
"Aprendiendo a mirar donde ya mire y tratando ver lo que aún no vi"
Después de unas
sesiones más de aprendizaje en este camino que estoy recorriendo, mi mente
divaga entre los recuerdos de sesiones de diversas terapias y me
lleva a recordar que a veces algo que se ha llevado a cabo de la misma manera
siempre, no quiere decir que sea la forma correcta, ni que no existan mejores
maneras de llevarlo. Junto a ello acude a mi mente mi
mente por un instante la frase del poeta y escritor Pablo Neruda "El
triunfo del verdadero hombre surge de las cenizas de su error" .
Tras este pensamiento,
empiezo a dar valor y significado a esa frustración que en ese mismo instante
había sentido, debido a mis propios impedimentos para llevar a cabo el estiramiento
de mi brazo mientras estaba tumbada en una camilla, o mediante la ejecución de
mantener erguida mi espalda mientras me mantengo de pie en el plano o sentada
en la silla sin respaldo, o cuando realizo descargas de peso sobre mis codos
mientras estoy sentada en una camilla...
Imagina por un momento una habitación situada al
final de un pasillo con una puerta en gris, esa puerta se abre y en su interior
se encuentra: una mesa rectangular en el centro, donde hay gente a tu alrededor
trabajando, junto a ella una camilla pegada a una pared blanca y en ella, en la
camilla, tu cuerpo
recostado bocarriba. Como buen espectador, observas y percibes que dentro de la
habitación hay varios estímulos de distracción (ruido, fotos,
conversaciones...) pero en ese preciso instante, el contexto que habita a
su alrededor desaparece, quedando solo la presencia de la visualización de tu
cuerpo recostado en la camilla, una voz que te susurra la ejecución que debes
hacer con tu brazo y la percepción y visualización de la ejecución del
movimiento a realizar.
Esa, precisamente esa
concentración y esfuerzo mental que acabas de hacer, es el que debo de llevar a
cabo mediante mi actividad muscular. Debo de ver cómo cada uno de mis
músculos hilvanan uno
por uno en la ejecución de un movimiento, en ese mismo lugar y en
esa misma camilla. Esa observación guiada desde lo más profundo de la ejecución
del movimiento hasta el más perceptivo, que es la ejecución del
movimiento, da sentido a todas aquellas limitaciones que habitan en mí como un
hábito automatizado, haciéndome ver y llevar a cabo el movimiento que realmente
debo ejecutar, a través del aprendizaje explicito e implícito (consciente e inconsciente) de
aquello que hice bien o hice mal.
De nuevo, la vida me ofrece un paréntesis de
reflexión y de detención del tiempo, donde permite ser espectadora y
protagonista de la observación de mi interior, donde la serena voz que desde el
exterior, y ajena a mí y a mi ser, me guía, va calmándome la ansiedad que
habitaba en mí ante el proceso al que me enfrento, cultivando la verdadera
semilla que hay que plantar para poder obtener una buen ejecución del
movimiento que ese momento realizo, mediante la consciencia de aquellos pasos
que he de seguir y actos que juegan como un hándicap, para llegar hacia un
objetivo.
Con ello, a través de
la percepción de mis errores, mi ser va aprendiendo, que a veces la vida va del
revés, y que debemos pararnos en el momento y observar, que no se debe ser
precipitado, porque el correr te puede hacer olvidar no solo donde estas y que
debes de hacer, sino, hacia dónde vas. Que el llegar a realizar una
acción (poner un vaso en una mesa, una foto en una repisa...) no es solo
depositar o hacer aquello que queremos, si no, que el proceso de acción tiene
más o igual importancia que el llegar a cabo el objetivo marcado.
Todo ello se extrapola
en esta aventura, y se convierte en el dialecto de mi cuerpo para así llegar a
obtener una verdadera realidad en mi mundo actual. Me hace ver dónde está
la ciencia de la evolución y la superación, el aprendizaje y el valor. Me guía
en mi hazañas, haciendo ver que el comienzo no tiene porque ser perfecto, pero
que tiene que existir un comienzo para que ocurra algo bueno.
Además, durante
esta aventura, me doy cuenta de que lo imposible en esta vida, es solo aquello
que el ser humano no intenta hacer, es decir, el ser humano tiene la capacidad
de poder cambiar su acción mediante el cambio del pensamiento y con ello hacer
un reajuste en su destino, haciendo de aquello que no se hacía, que se pueda
hacer. Por ejemplo yo he pasado de no poder peinarme a peinarme sola, de
no poder vestirme sola de arriba a vestirme, de no saber que podía sentarme sin
apoyos a sentarme, de no poder coger y lanzar una pelota a lanzarla, de no tener
fuerza en mis brazos a tenerla, de no saber bajar mis pies de los posapies a
bajarlos e intentar subirlos y colocarlos, de no desmontar mi silla a hacerlo y
montarla... de tantos no saber he pasado a saber por el simple hecho de
mi propia exposición y reeducación. Mediante la observación de la esencia de
aquello que quiero hacer., porque a veces la presencia de un gesto, una palabra
o una pequeña mueca de tu cuerpo hace que te cambie el resto de tus días.
Como bien dijo
Gandhi "Cuida tus pensamientos porque se convertirán en actos.
Cuida tus actos porque se harán costumbres. Cuida tus costumbres porque
formaran tu carácter. Cuida tu carácter pues establecerá tu destino. Cuida tu
destino porque será tu vida"
domingo, 19 de junio de 2016
"La calma tras una postura"
Inicio mi sesión de
terapia ocupacional con una meta clara para mi terapeuta, posicionarme de la
misma manera que cuando un bebé intenta gatear, es decir, en postura cuadrupeda
sobre una camilla. En ese momento mi mente se llena de dudas y preguntas de si
realmente seré capaz de experimentar eso. Es una postura que en mi mente está
clara su visualización, pero... la sensación de mi cuerpo es tan difusa
para mi, pues desde hace quince años y cinco meses mi cuerpo no se
posiciona así, y mis músculos no recuerdan esa sensación y por ello, la duda
surge de inmediato en mi. Pero sin mediar más palabra y sin llegar a evaluarme
más si si o si no, et voilá!!! de repente, la sensación ausente se convirtió en
presente. Por unos instantes aquello que sólo se presenciaba en mí mente, ahora
era algo real. Por sorprendente que me pareciera, lo estaba viviendo, no
era un sueño. Mis rodillas flexionadas, mi glúteos apontocados en la planta de
mis pies, mi tronco junto a mi pelvis y mí contracción abdominal, de brazos, de
piernas... hacen que lentamente y con ayuda, me vea posicionada en esa postura
que de la nada emergió. Y así en ella, poco a poco, se va desplazando hacia
adelante y hacia atrás mi cuerpo, dando el movimiento que desde hace años no
había vuelto a experimentar.
Así, poco a poco, la
situación me invade llenando el momento de esfuerzo y plenitud y haciéndome ver
que todo ser humanos que tenga presente todo lo que su mente pueda concebir,
todo su cuerpo lo podrá conquistar.
Hoy día 19 de mayo, de
nuevo, he vuelto a realizar esa misma posición. Durante ella mi mente fue
divagando por cada una de las sensaciones que iban marcando la situación,
evaluando cada postura y cada movimiento desde el principio hasta el final.
Durante ese momento, he
podido percibir, como el inicio de la atención hacia la acción que quería
realizar (por ejemplo el de balancear mi cuerpo hacia delante) hasta que
mi cuerpo reaccionara e intentara avanzar hacia la dirección que en ese momento
quería posicionar. Notaba como cada músculo poco a poco y mediante el aguante
de la resistencia del esfuerzo, iba involucrando cada vez más partes de mi
cuerpo para ir hacia donde quería ir, llevándome a experimentar sensaciones
dulces y amargas, selladas por el querer y el poder, por el hacer y el no poder
y por la ilusión y el esfuerzo de la superación. Sensaciones, que se mecían con
el cantar de mi inhalación y exhasalación dando paso a momentos en los cuales
yo era quien tomaba las riendas de la situación.
Durante esta postura,
en los momentos donde mi espalda y cabeza debían situarse en la posición que
era más adecuada, es decir, cuando se tenía que mantener recta la espalda y
hacia arriba la cabeza, para con ello optar a posicionar la curva correcta de
nuestra espalda. De esta forma podía sentir cómo cada uno de mis músculos iban
posicionándose progresivamente tomando su relevancia en los momentos adecuados,
dando así paso a un dolor placentero por toda mi columna, desde el
Después de esta
experiencia, al volver a la posición inicial (sentada en la camilla), mi cuerpo
se veía sumergido en un estado de calma. Podía sentir que mi tronco no pesaba,
que mis brazos tampoco y que por ello, todos mis movimientos en ese momento
eran más fluidos. Notaba como si mi tronco estuviese más erguido y más fuerte.
Mi ser en ese instante levitaba suavemente en un estado donde la fragancia de
un esfuerzo daba como resultado a mi cuerpo la misma armonía y sencillez que
obtiene una pluma al caer.
Pero además de ver y
percibir las sensaciones de bienestar y esfuerzo, con esta reflexión, he podido
ver dónde están las carencias de mi cuerpo para mejorar. Ahora, aún soy más
consciente de la debilidad de mi lado derecho y la fortaleza de mi lado
izquierdo, haciéndome más consciente de qué lado debo estar más pendiente en
ejercitar la próxima vez. Me hace plantearme la manera de posicionarme para que
equilibre la posición de mis brazos y realice un trabajo equitativo con ambos.
Así como que realmente el movimiento se lleva a cabo mediante la permanencia de
un esfuerzo continuo de resistencia en los músculos, y no sólo de una descarga
de impulso y de la ejecución de una acción.
Y he aquí,
una reflexión, de una de mis sesiones, donde la creatividad de la
actividad y la valentía de llevarla a cabo hace que emanen en mí tanta
diversidad de emociones y sensaciones, haciéndome que valore aún más la
aventura que estoy viviendo. Por lo que en este mundo, hay que tener en cuenta,
que, que es bonito disfrutar de las cosas pequeñas que la vida nos va
deparando, porque llega un día y te das cuenta que esas cosas que creías más
pequeñas, en realidad son las más grandes de tu vida. Porque como dicen
los sabios... para ser grande antes tienes que ser pequeño e ir creciendo ante
las adversidades.
sábado, 4 de junio de 2016
" En la vida, no se cuentan los pasos que has dado, sino, las huellas que se han dejado en el camino"
Desde mi lesión, mis ojos siempre se
han fijado en todas aquellas personas que veía ante mí. Me fijaba en sus movimientos,
en la contracción de sus músculos al levantarse de una silla, al coger un vaso,
al peinarse, al recoger un objeto del suelo...
Comparaba y aún comparo, el
aprendizaje de un niño, en sus primeros meses de vida, con el de una persona como yo que padece
limitaciones físicas en la habilidades cotidianas, y que se ve sometida a la reeducación
de sus movimientos para llegar a conseguir habilidades tales como mantenerse
sentada, manipular libremente sus brazos mientras sujeta un objeto, poder
movilizar las piernas en el pedaleo de una bicicleta... Como si del juego de las 7 diferencias se tratase, cuando
me detengo en esa observación, percibo dónde está el límite de la superación
entre ese niño inocente y yo. Aunque a simple vista se vea como algo ilógico esta
comparación, creo que es bastante coherente, pues ambos de una manera u otra estamos
comenzando a vivir en un contexto donde hay que luchar para vivir de la mejor
manera posible la hazañas de nuestra historia.
Entre estas diferencias, se
encuentran: que el niño no es consciente del miedo y de ahí que no tenga límite,
y que yo sin embargo, soy consciente del miedo y eso me hace tener vigente mis limitaciones,
que el niño es arriesgado y juega con la ignorancia de no conocer que es el
dolor al caer, y yo por el contrario, sé que es el dolor y por tanto que es
caer, haciendo que la conciencia de ello esté
presente en mi juego.
Todo esto, hace que la consolidación
de una situación sea más compleja en mi reeducación que en el aprendizaje
espontaneo de un niño.
Pero... ¿por qué la consolidación de
este aprendizaje es tan compleja?... ¿Cuántas son las cosas que dejamos de
hacer por miedo y por ello vivimos en la ausencia del aprender de la vida? ¿Dónde
está el límite de superación y aprendizaje de uno mismo?, ¿está en la tinieblas
de lo que creemos que podemos hacer o no hacer?, ¿en el conocimiento del miedo y el dolor?,
¿está en la ignorancia del no saber? o ¿en la sobre protección hacia ti?
Tras esta tormenta de peguntas, he
podido tener en cuenta, durante los casi 7 meses que llevo viviendo esta
aventura, y a través de la observación de mi misma, que en ocasiones he sido
víctima de mi propio desconocimiento hacia la verdadera estatura que tienen las
cosas, haciéndome una ignorante de mi propia independencia. Que he llegado a ser
dependiente de una persona en una situación que podía perfectamente controlar y
manejar por mí misma, por el hecho de creer que no podía hacer una acción (por
ejemplo colocarme los pies, sentarme al borde de una cama, recogerme el pelo,
llegar al alcance de un objeto...) antes de probar hacerla o por la simpleza de
la comodidad. Que en algunas ocasiones, me he dejado llevar por la protección
de la burbuja del amor familiar, en el que te dejas mimar y no luchas frente a
la marea de tu espacio hacia la independencia, ganando la rapidez al dejar que
te realicen una tarea concreta, dejando así escapar la satisfacción de realizar
las cosas por una misma y de la manera que solo una persona desear hacer. Que no
he tenido presente, que el ser humano ha de ser víctima de creer que debe ser perfecto, para cometer así errores y a través de ellos
aprender. Que no me he dejado ganar ante la imposición de la protección, haciéndome
a mí misma un ser vulnerable ante la mejoría de mi propia evolución.
Pero hoy, siendo mis músculos los propios
protagonistas de mi visualización a través de un espejo mediante mi
rehabilitación, dejo fuera el miedo al dolor, la sobreprotección y la sumisión,
y me sitúo frente a frente a mi
limitación, para que en ese preciso instante, mientras veo el movimiento, pueda
consolidar más información de la movilidad de todo mi cuerpo, para así, dar la
importancia no sólo a lo que he hecho, sino, a lo que conlleva esa acción.
Porque gracias a esa integración y exposición diaria, puedo ejecutar más movimientos con mis
brazos, mi tronco, mis piernas... que me lleva a mejorar la forma de desvestirme
y vestirme con más soltura que antes, reorganizar mejor mis alcances hacia un
objeto, poner y quitar el posabrazo de mi silla, asearme sin necesitar tanto
apoyo de los demás, de ser más consciente de la colocación de mi cuerpo y
colocar en una mejor posición mi pie o cadera..., es decir, soy capaz de ir
contando los pequeños pasos que dejan huella en este camino andado hasta ahora,
para obtener una mejor autonomía. Soy
capaz de observar mi evolución a nivel físico y mental que me lleva a avanzar.
Pero a pesar de toda mi evolución
hasta ahora, y de la enorme satisfacción que siento por mis progresos
alcanzados, hay que ser realistas y
tener presente que es muy rápido pensar en mejorar, pero no lo es tanto en
hacerlo notar. Que es muy fácil soñar con ser más independiente en tu día a día,
pero que cuesta y dura más conseguir alcanzar ese sueño, y así se puedes ver
con objetividad, la esencia de mi propia realidad.
Por tanto, he de seguir este camino
al que aún le quedan muchos piedras que superar, teniendo en cuenta que...
"la fuerza de luchar por aquello que quieres alcanzar, no proviene de la
capacidad física que tengas, sino, de la voluntad indomable que maneje tu alma
para aquello que quieres lograr".
Besos desde Galicia
domingo, 10 de abril de 2016
"La reflexión es la esencia de lo que fue vivido y asimilado"
Sentada delante de mi ordenador,
intento calmar mí mente para ser capaz de describir, con la mayor realidad
posible, mis pasos en esta clínica gallega. Mi mente divaga a través de mis
pensamientos, que narran mis momentos vividos, para intentar resumir, con
humildes palabras, las pisadas dadas en mi tratamiento.
Para ello, me surgen preguntas tales
como: ¿Cómo empezar a narrar una sensación compleja de un progreso que no ves?
¿Qué palabras son las más adecuadas para describir la situación actual en la
que me encuentro? ¿Cómo hacer llegar la realidad de la situación sin alterarla?
Son preguntas que renacen en mi, al
escribir y querer compartir con el resto del mundo aquello que hoy me hace
sentir más viva y capaz de valorar todo aquello que me rodea.
Actualmente me encuentro en un estado
donde realizo exhaustivas evaluaciones sobre mí misma y quién soy. Sobre lo que
soy capaz de hacer y lo que no hago y pudiera hacer. Me siento y aprendo día a
día a observar la ejecución de un buen movimiento, como un verdadero detective
en la escena de un crimen, teniendo una estimulación externa e interna que me
hace ser cautelosa, realista y crítica con mi observación.
Pero a pesar de ello, he de
reconocer que me es difícil plasmar mi progreso mediante palabras. Que me es
difícil evaluarme sin ser injusta con mí evolución y sin cometer incorrecciones
en esta descripción.
Estos días atrás, me he centrado en
hablar de mis cambios a nivel perceptivo y en el conocimiento de esos músculos
existentes físicamente en mi cuerpo, pero que han estado ausentes en mi proceso
de ejecución hasta ahora. Músculos que se asemejan a aves fénix renaciendo de
sus propias cenizas que permiten que realice actos que antes no podía realizar.
Hoy, he de seguir hablando de la percepción y conocimiento de mis músculos,
junto con la coordinación del movimiento y su aparición en mis pensamientos.
Para ello, he de empezar dando el significado de lo que es para mí la
coordinación del movimiento y el pensamiento de mi conciencia, pues son las
protagonistas que hacen que día a día, mi estructura vaya evolucionando y todo
lo que me rodea tome un sentido.
Cuando hablo de coordinación, hablo de
una ejecución que conecta medios, esfuerzos, movimientos etc., para llevar a
cabo una acción común. Es una capacidad de los músculos para sincronizar una
trayectoria y un movimiento, donde juega una gran importancia la intención de
realizar la acción, mediante una contracción de diversidad muscular y la
participación del cerebro, en el inicio y final de dicha operación. De ahí la importancia del pensamiento y la
conciencia.
Todo ello, hace que
me plantee la siguiente pregunta....
¿y el pensamiento?.... Pues según lo veo yo, es todo aquello que se hace a
través de una visualización mental de una situación. Es aquello que trae la
existencia de todo lo que da sentido a nuestra mente. Es la activación de la
racionalidad de un movimiento imaginado y sentido como ejecutado. Es algo
racional, creativo y artístico, que se opera mediante nuestro conceptos,
razonamientos y aprendizajes.
Esto es para mí la coordinación y el
pensamiento.
Y diréis, ¿qué aportan la
coordinación y el pensamiento a mi rehabilitación?... pues diría que me sumerge
a una evaluación correcta de mi misma y de la ejecución de un movimiento. A un
gran conocimiento de mi ser interior para poder reflejarlo en un simple
movimiento de un brazo, una mano, un giro de muñeca, un movimiento de pie, un
estiramiento de mi tronco... Hace que pueda moldear una situación donde por un
instante mi mundo se para y me dejo llevar por un diálogo entre mi mente y mi
cuerpo donde florece y se forja una acción. Una acción que voy marcando con los
ritmos de mi corazón. Ritmos que van
sonando desde la rabia, el coraje, la impotencia y la insatisfacción del duro
comienzo de la nada a la conciencia de ser algo; hasta una calma que está velada por la crítica
constructiva que me hace componer la melodía de la recompensación mediante el
esfuerzo y la satisfacción.
Te invito a que
experimentes esa sensación, observando que le ocurre a tu cuerpo en la una
ejecución de un movimiento, mientras permaneces leyendo en tu ordenador, tu
móvil o tu tablet, esta historia que te narro. Desde esa
posición en la que te encuentras, sitúate y piensa que tu brazo izquierdo (si
eres zurdo) o tu brazo derecho (si eres diestro), no lo puedes manejar, solo
puedes usar la mano y brazo contrario que hasta ahora tu manejas habitualmente.
Una vez mentalizado, intenta coger un objeto que este situado al lado contrario
del brazo que decidiste que ibas a mover. Durante este proceso debes detenerte
en pensar cómo vas a realizar los diversos movimientos que harán que tu brazo y
tu mano sigan llevando a cabo esa acción.
Eso, precisamente eso, es lo que
hace que llegue a la ejecución de una acción. Un ejemplo de ello lo veo al
sentarme en el filo de una camilla o en un banco de madera, con mis pies
apontocados en el suelo, sintiendo el contacto con el suelo, como si de una
dulce caricia se tratase, a la misma vez que evalúo y siento mis piernas, mi
cadera, mi abdomen, mis pectorales, mi cuello, mis brazos, mis manos y todo mi
ser, sumergidos en el debate de una coordinación del movimiento y mi
pensamiento; para combatir la lucha por sobrevivir a la gravedad del contexto y
saborear la libertad del movimiento.
Pero esto no es de hoy a mañana. No
es algo que se piensa y sale. Ni es fácil de ver, evaluar, o sentir... No, no
lo es. Hay días en que me siento incapaz de realizar un ejercicio, una acción,
una tarea... Hay momentos en el que el miedo y el bloqueo por segundos o
minutos, que se hacen presentes en mi mente, y me juegan malas pasadas. Y hay otros momentos donde esa
situación hace que mi mente gire y de repente por alguien o por algo externo
hace que mane, de mi interior unas sensaciones que me trasladan a la
experiencia que habita en mi interior, y puedo ver que la verdadera
libertad se obtiene cuando comienzas a comprender quien eres y lo
que puedes llegar a ser, y eso solo se alcanza con nuestra superación. Con ello
empiezas a ver la sencillez de la felicidad, gracias a un simple ejercicio y a
una dura evaluación.
Porque la vida a veces duele, a
veces cansa y a veces hiere. Porque la vida no es fácil, no es coherente, no es
perfecta, ni es eterna. Pero a pesar de ello... la vida es bella y hay que vivirla,
buscando la felicidad, con la ausencia de nuestros miedos. Y así, nuestros
pequeñas acciones, serán nuestros grandes proyectos. En mi caso mi pequeña
acción es la conciencia y el debate de estabilizar conscientemente todos los músculos que componen mi espalda
para dejar sueltos mis brazos y poder manipularlos sin tensión ni compensación
en la ejecución de una acción, los cuales van tomando cada día más relevancia,
ser capaz de ir dando fuerza y coordinación a los movimientos que durante mi
evolución vayan surgiendo, para que ello
se convierta en una acción automatizada
y así alcanzar mi gran proyecto, conseguir la nueva reeducación de mi cuerpo.
Pero como todo en esta vida, para
avanzar en mi desarrollo personal, tendré que
lanzarme al mar, y así mi barco aprenderá a navegar.
Hoy, viajando en mi interior, he podido observar que no es
fácil reeducar un cuerpo que desde hace 15 años vive sumido en una costumbre y
en unas hazañas para sobrevivir. Que lo que creemos que no podemos hacer, es
simplemente un límite que nuestra conciencia utiliza para negar una acción que
ni ella misma sabe que podría hacer.
He podido reparar en que al pararse
a pensar y evaluar, con mayor realidad, aquello que realmente no hacemos, encuentro
respuestas para esto. Puede ser porque realmente no lo sabemos hacer, porque no
tenemos las herramientas suficientes para llevarlo a cabo, o porque ni si
quiera pensaste en hacer, pues total ya te lo hacen. Es decir, el ser humano
siempre busca una escusa, real o ficticia, para excusarnos de aquello que ni si
quiera hemos intentado hacer. En nuestra mano esta cambiar ese proceso de
nuestro camino. Porque...
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