Quizás, para llegar a
ver la belleza de nuestras acciones, hace falta que el ser humano pare por un
instante su tiempo y solo se centre en aquello que hay que llevar a cabo para
una acción, por ejemplo, si preguntara a cualquier persona que pensara qué
partes de su cuerpo se activan antes o después de rascarse la nariz, la mayoría
de nosotros no sabríamos responder de inmediato a dicha pregunta, deberíamos
pararnos y observar cuáles son.
Pero... así es la vida
donde el ser humanos aprendemos hacer cosas automáticas sin tener presente la
ejecución de una acción, si no el resultado.
Tras realizar mis
terapias y reflexionar sobre lo importante que es saber qué pasos debes dar
para realizar cualquier movimiento, en mi mente empieza aparecer una marabunta de
ideas y emociones de las que sumergen en una serie de palabras que cobran un
sentido para llevar a cabo. Ellas son:
La sensación, entendido como el sentimiento que experimentamos como
respuesta a la información recibida a través de nuestros órganos sensoriales.
La propiocepción, que es el sentido que nos proporciona información
sobre el movimiento de las distintas partes del cuerpo y de su posición en el
espacio, y estos receptores sensoriales se localizan en las articulaciones y en
los músculos.
La percepción, una función que posibilita al organismo recibir,
procesar e interpretar la información que llega desde el exterior
valiéndose de los sentidos.
La percepción tenida en cuenta como
la organizadora del celebro en la información sensorial nos dice que esta es
más que lo que vemos, oímos, sentimos, saboreamos, u olemos. Es el significado que
damos a la sensaciones, llegando este significado a través de cómo organiza
nuestro cerebro la información que proviene de nuestros sentidos. Somos capaces
de organizar la información sensorial según diferentes características:
• La ley de
continuidad, según la cual nuestra mente continúa en la dirección sugerida
por el estimulo.
• La ley de
proximidad, donde agrupamos elementos que se encuentran cerca uno del otro.
• La ley de
semejanza, en la cual agrupamos elementos parecidos.
• La ley del cierre,
donde completamos configuraciones incompletas.
El umbral entendido
como la cantidad mínima de señal que
ha de estar presente para ser registrada por un sistema,
es la base de la exploración de las sensibilidades (táctil, olfatoria, visual o
auditiva). Es la menor cantidad de estímulo, que tiene un 50% de probabilidades
de ser detectado por nosotros. Y por tanto, un estímulo ocasional de una
transmisión de un impulso nervioso, mediante una mínima reacción.
Y el tiempo tenido en cuenta como la magnitud a tener en cuenta cuando
queremos medir duración o separación de acontecimientos, que están sujetos a
cambio y de aquellos que están sometidos a observación. Es el período que
transcurre entre el estado de una acción que se va a llevar a cabo y el
instante en el que esa acción es registrada como una variación que percibe
el observador.
El tiempo permite ordenar los sucesos en secuencias, estableciendo un pasado,
un futuro y
un presente.
Hoy, en mi terapia, me
he podido observar el proceso que debe de hacer mi brazo para poder llevar a
cabo acciones como rascarme la cabeza, tocarme la barriga, la oreja, entre
otras... cuyas acciones son propias de movimientos habituales que se realizan inconscientemente
y que me hacen experimentar momentos frustrantes y estimulantes.
Momentos frustrantes
porque siento una respuesta emocional de impotencia que va recorriendo mi
cuerpo hasta llegar a mi mente, al intentar observar la realización de un movimiento,
sin saber qué sentido debo tener para hacerlo, pues cuando podía llevarlo a
cabo sin limitación nunca me detuve en hacerlo. Es una frustración interna con
objetivos contrapuestos que interfiere entre lo que quiero hacer (la
realización de una acción) y cómo puedo llevarlo a cabo según todo lo que forma
mi brazo. Esto va generando en mí una disonancia cognitiva porque lleva a
plantearme la importancia de la parada de los segundos que un movimiento debe
tener para ver la reflexión del encadenamiento de sus músculos y las articulaciones
que lo componen. Al mismo tiempo, la
situación se hace estimulante, porque hace que surja en mi un reajuste cognitivo que
me lleva a ver más claro dónde está la esencia de hacer un buen movimiento, dónde
realizo una compensación que me lleva a realizar una mala ejecución, así como me
hace notar, que la desaparición del movimiento no es por ausencia de este, sino,
de ser incompatible unos movimientos con otros.
Es difícil para mí
llegar al equilibrio mental donde puedas ver todo ese conjunto de acciones o
situaciones que me hagan reflexionar sobre el mal hábito de una acción, sobre
todo cuando estoy haciendo una compensación. Pero durante y después de la actividad,
mi mente divaga entre las diversas sensaciones encontradas durante la
actividad, intentando encontrar un sentido a una ejecución automática mediante
la construcción de un brainstorming. Este brainstorming, da como resultado, que
una acción a realizar, por ejemplo, colocar mi mano derecha en mi hombro
izquierdo, será mejor llevada si está se ciñe a tener presente el tiempo que
hay que tener en cuenta en la sensación,
propiocepción, percepción y el umbral de dicha acción. Es decir, que si
tengo controlado esos pasos, será más fácil realizar el movimiento o acción
deseada.
Todo ello, cobra vida
en mi interior haciéndome conocer mejor mi propio cuerpo y la ejecución de una
buena acción, con el objetivo de poder así eliminar malos hábitos aprendidos en
cualquier movimiento. Me lleva a descubrir que lo que creo que no está,
realmente no es así, si no que es camuflado por una compensación y una mala
sensación, propiocepción, percepción y umbral de una cadena de pasos que lleva
una acción.
Siento que todo el
proceso de hoy despertó aun más en mí la visualización y corrección de esas compensaciones
inadecuadas. Me hace abrir mi campo visual y extrapolar dicho conocimiento a
todos mis movimientos para que mi cuerpo pueda evolucionar hacia una estancia
mejor.
Con ello, también me
hace aprender que el ser humano no es nada perfecto y que no es tan listo como
se cree, pues se le escapa muchas cosas que valorar cuando mejor puede y las
admira cuando más trabajo le cuesta realizarlas. Que
somos ignorantes hasta de los movimientos más simples que nos sostiene. Que en
esta vida se puede aprender hasta de la ejecución que realizamos al rascarnos
la nariz y que la vida se envuelve solo de aquello que tu quieres ver y ser.

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