martes, 25 de octubre de 2016

Mi cuerpo en la oscuridad pinta colores

En la vida, muchas veces nos encontramos en momentos donde nuestra propia superación nos permite situarnos en contextos novedosos, llenos de abismos sin resolver y muchas experiencias por vivir.

Hoy aquí, en este blog, quiero expresar mi nueva experiencia de superación, vivida gracias a mi rehabilitación y el nuevo pasito que he dado tanto a nivel físico como personal. Para ello, debo situarme y situaros en ese contexto de superación planteado lleno de abismo e incertidumbre formado por una sala de paredes blancas, gente alrededor, diverso muebles y una simple y compleja pelota de fitness amarilla en la cual me hayo sentada. Por primera vez, y desde hace 16 años, me siento en una superficie tan inestable que me hace sentirme ilusionada y me recuerda a cuando era pequeña e intentaba ponerme de pie en una colchoneta y las olas del mar me arrastraban de un lado a otro. Recuerdo que aquello era tan inestable que caí más de una vez por permanecer encima de ella, pero entonces, mi constancia y mi fuerza me ayudaron a conseguirlo. 

En ese momento, sentada en una simple y compleja pelota amarilla y tras navegar por mis recuerdos, la situación me hace estar entusiasmada, pero también me lleva a estar, en primera estancia, insegura de mi misma, tanto como si de una muñeca de trapo aposentada en un trozo de hilo tensado entre dos árboles se tratase, donde la inestabilidad del momento y el descontrol de mi contexto, me sumergen en el mundo del pánico, la desesperación y la impotencia. Mi mente se nubla, mi ser se vuelve mudo, mi visión me traiciona y mi sentido de escucha se agudiza cada vez más. Una situación llena de tensión y descontrol donde mí cuerpo no es responsable de nada de lo que en ese momento debe de ser.

Por un instante paso de un contexto de confort sentada en mi silla a una situación donde la búsqueda de supervivencia debe ser desarrollada para controlar el desbarajuste que la situación me crea.

Pero dentro de ese caos, un antifaz rojo se apodera de mis ojos y hace que el sentido de la visión se envuelva hacia mí, donde la oscuridad por un instante me hace encontrar la luz que me abre la puerta a la resolución del control de la situación. Me lleva a pararme en seco y reeducar mi mente para esta situación. Nace en mí las ganas de volver a vivir y me sitúo en medio de la nada con grandes explosiones de color que nacen de mis movimientos. Durante ese tiempo y sin esperarlo, mi cuerpo empieza a ser más controlado y a pensar y actuar por él mismo. Ese cóctel explosivo da color a mis movimientos que a su vez dan luz al abismo y la incertidumbre del momento, haciendo que resurja el dominio de mi cuerpo y poco a poco me vaya ensimismando en una calma interior que me ayuda a disfrutar y manejar el arte de los movimientos que mi cuerpo establece y así poder ser el aire en el viento.




Cada color, cada movimiento, me va haciendo sentir más segura de mí misma y de mí situación. Me hace luchar yo sola por sobrevivir. Me lleva a sentir que soy yo quien maneja los hilos de mi cuerpo para alcanzar la estabilidad necesaria para estar sentada en esa pelota, pues no sé ni donde están esos estímulos que antes visualizaba como ayuda y ni siquiera si hay alguien a mi alrededor para ayudarme. Solo la necesidad de supervivencia ante la ignorancia de lo que pueda haber detrás de ese antifaz hace que sea consciente de que puedo manejar la situación si actúo correctamente y en equilibrio con todo mi cuerpo encadenando cada movimiento y ejecución que en ese instante la situación me pide. Nace de nuevo en mí las ganas de revivir tras las oscuridad y el silencio de no saber que hay detrás de esa nada y viendo con una gran lupa toda aquellos movimientos llenos de tan puros colores que emanan de mí y me ofrece el objetivo de poder controlar mi propio cuerpo sentado en una hermosa pelota de fitness amarilla.

Vuelvo aprender a través de mi estancia aquí, que la dedicación a mis terapias y la involucración de mis terapeutas hacia el progreso de mi evolución, me hace crecer como persona y ganar más autonomía, siendo más responsable de todos los actos de mi cuerpo. Con esta actividad, además de ganar más en estabilidad de tronco, ser consciente de mis caderas y mis glúteos y la funciones que ejerce, fortalecer mis piernas, cuádriceps,...entre otras funciones que unidas hacen que mi estabilidad sea más estable, me lleva a obtener una aprendizaje emocional, donde me demuestra que en realidad el abismo era la ignorancia de no saber que en mi interior está siempre la resolución ante un problema.  Que a veces, entre tanta tormenta, es necesario cerrar los ojos para escuchar lo que nuestro cuerpo quiere contarnos para hallar nuestro camino, siendo nosotros mismos los que manejemos los hilos de nuestro cuerpo, para así, hacernos un verdadero artista de nuestro propio destino, escuchando con el alma la experiencia de las vivencias de nuestro corazón y el razonamiento de nuestro cuerpo y mente, y así, sea cual sea nuestra situación, podamos obtener una bella superación. Porque como bien dijo Gandhi "tenemos que ser nosotros las expresión de nuestra preposición".

Por último, quiero dar las gracias de nuevo a todos y cada una de las personas que posibilitan que este aquí viviendo cada una de estas experiencias y a ese duendecillo que en un momento de mi sección me puso un antifaz y me hizo volar entre las diversas sensaciones de mi cuerpo y la satisfacción de mi mundo fantástico de libertad, recordándome en silencio que hay que inculcar el arte de aprender a pensar deteniéndose en los detalles mínimos del cuerpo, porque aprender sin pensar es un trabajo ausente.

De nuevo la vida me susurra que cuando escucho lo que hay en mí interior, mí pecho se me encoge y una idea de luz me expande al mundo dándome color y movimiento a todo lo que me rodea, llevado con el vaivén de mí respiración. 



miércoles, 5 de octubre de 2016

"Nuestra mente solo nos muestra aquello que queremos ver"

Quizás, para llegar a ver la belleza de nuestras acciones, hace falta que el ser humano pare por un instante su tiempo y solo se centre en aquello que hay que llevar a cabo para una acción, por ejemplo, si preguntara a cualquier persona que pensara qué partes de su cuerpo se activan antes o después de rascarse la nariz, la mayoría de nosotros no sabríamos responder de inmediato a dicha pregunta, deberíamos pararnos y observar cuáles son.  

Pero... así es la vida donde el ser humanos aprendemos hacer cosas automáticas sin tener presente la ejecución de una acción, si no el resultado.  

Tras realizar mis terapias y reflexionar sobre lo importante que es saber qué pasos debes dar para realizar cualquier movimiento, en mi mente empieza aparecer una marabunta de ideas y emociones de las que sumergen en una serie de palabras que cobran un sentido para llevar a cabo. Ellas son:

La sensación, entendido como el sentimiento que experimentamos como respuesta a la información recibida a través de nuestros órganos sensoriales.
La propiocepción, que es el sentido que nos proporciona información sobre el movimiento de las distintas partes del cuerpo y de su posición en el espacio, y estos receptores sensoriales se localizan en las articulaciones y en los músculos.
La percepción, una función que posibilita al organismo recibir, procesar e interpretar la información que llega desde el exterior valiéndose de los sentidos.
La percepción tenida en cuenta como la organizadora del celebro en la información sensorial nos dice que esta es más que lo que vemos, oímos, sentimos, saboreamos, u olemos. Es el significado que damos a la sensaciones, llegando este significado a través de cómo organiza nuestro cerebro la información que proviene de nuestros sentidos. Somos capaces de organizar la información sensorial según diferentes características:
La ley de continuidad, según la cual nuestra mente continúa en la dirección sugerida por el estimulo.
La ley de proximidad, donde agrupamos elementos que se encuentran cerca uno del otro.
La ley de semejanza, en la cual agrupamos elementos parecidos.
La ley del cierre, donde completamos configuraciones incompletas.
El umbral entendido como la cantidad mínima de señal que ha de estar presente para ser registrada por un sistema, es la base de la exploración de las sensibilidades (táctil, olfatoria, visual o auditiva). Es la menor cantidad de estímulo, que tiene un 50% de probabilidades de ser detectado por nosotros. Y por tanto, un estímulo ocasional de una transmisión de un impulso nervioso, mediante una mínima reacción.
Y el tiempo tenido en cuenta como la magnitud a tener en cuenta cuando queremos medir duración o separación de acontecimientos, que están sujetos a cambio y de aquellos que están sometidos a observación. Es el período que transcurre entre el estado de una acción que se va a llevar a cabo y el instante en el que esa acción es registrada como una variación que percibe el observador. El tiempo permite ordenar los sucesos en secuencias, estableciendo un pasado, un futuro y un presente.
Hoy, en mi terapia, me he podido observar el proceso que debe de hacer mi brazo para poder llevar a cabo acciones como rascarme la cabeza, tocarme la barriga, la oreja, entre otras... cuyas acciones son propias de movimientos habituales que se realizan inconscientemente y que me hacen experimentar momentos frustrantes y estimulantes.

Momentos frustrantes porque siento una respuesta emocional de impotencia que va recorriendo mi cuerpo hasta llegar a mi mente, al intentar observar la realización de un movimiento, sin saber qué sentido debo tener para hacerlo, pues cuando podía llevarlo a cabo sin limitación nunca me detuve en hacerlo. Es una frustración interna con objetivos contrapuestos que interfiere entre lo que quiero hacer (la realización de una acción) y cómo puedo llevarlo a cabo según todo lo que forma mi brazo. Esto va generando en mí una disonancia cognitiva porque lleva a plantearme la importancia de la parada de los segundos que un movimiento debe tener para ver la reflexión del encadenamiento de sus músculos y las articulaciones que lo componen. Al mismo tiempo, la situación se hace estimulante, porque hace que surja en mi un reajuste cognitivo que me lleva a ver más claro dónde está la esencia de hacer un buen movimiento, dónde realizo una compensación que me lleva a realizar una mala ejecución, así como me hace notar, que la desaparición del movimiento no es por ausencia de este, sino, de ser incompatible unos movimientos con otros.

Es difícil para mí llegar al equilibrio mental donde puedas ver todo ese conjunto de acciones o situaciones que me hagan reflexionar sobre el mal hábito de una acción, sobre todo cuando estoy haciendo una compensación. Pero durante y después de la actividad, mi mente divaga entre las diversas sensaciones encontradas durante la actividad, intentando encontrar un sentido a una ejecución automática mediante la construcción de un brainstorming. Este brainstorming, da como resultado, que una acción a realizar, por ejemplo, colocar mi mano derecha en mi hombro izquierdo, será mejor llevada si está se ciñe a tener presente el tiempo que hay que tener en cuenta en la sensación, propiocepción, percepción y el umbral de dicha acción. Es decir, que si tengo controlado esos pasos, será más fácil realizar el movimiento o acción deseada.

Todo ello, cobra vida en mi interior haciéndome conocer mejor mi propio cuerpo y la ejecución de una buena acción, con el objetivo de poder así eliminar malos hábitos aprendidos en cualquier movimiento. Me lleva a descubrir que lo que creo que no está, realmente no es así, si no que es camuflado por una compensación y una mala sensación, propiocepción, percepción y umbral de una cadena de pasos que lleva una acción.

Siento que todo el proceso de hoy despertó aun más en mí la visualización y corrección de esas compensaciones inadecuadas. Me hace abrir mi campo visual y extrapolar dicho conocimiento a todos mis movimientos para que mi cuerpo pueda evolucionar hacia una estancia mejor.   


Con ello, también me hace aprender que el ser humano no es nada perfecto y que no es tan listo como se cree, pues se le escapa muchas cosas que valorar cuando mejor puede y las admira cuando más trabajo le cuesta realizarlas. Que somos ignorantes hasta de los movimientos más simples que nos sostiene. Que en esta vida se puede aprender hasta de la ejecución que realizamos al rascarnos la nariz y que la vida se envuelve solo de aquello que tu quieres ver y ser.